Para un perro, el mundo huele.
Mientras nosotros utilizamos principalmente la vista para interpretar lo que nos rodea, ellos dependen muchísimo más de su olfato. Un paseo no consiste únicamente en caminar: es una auténtica recopilación de información. Un árbol, una persona, otro animal o incluso un lugar por el que ya han pasado pueden contarles una historia a través de los olores.
Y, por supuesto, la comida no es una excepción.
El olfato tiene un papel fundamental en la forma en la que los perros detectan, reconocen y muestran interés por los alimentos. Por eso, cuando hablamos de alimentación, no solo importa qué ingredientes contiene un alimento. También importan su olor, sabor, textura y temperatura, es decir, el conjunto de estímulos que determina su palatabilidad.
En este artículo vamos a descubrir cómo funciona el olfato del perro y por qué este sentido tiene tanta importancia en su relación con la comida.
Un sentido mucho más desarrollado que el nuestro
El olfato del perro está diseñado para detectar una cantidad de información que para nosotros resulta prácticamente imposible de percibir.
Su sistema olfativo cuenta con una gran cantidad de receptores especializados y una parte importante de su cerebro está dedicada al procesamiento de los olores.
Esto explica comportamientos que todos hemos observado alguna vez: un perro que detecta comida desde otra habitación, que encuentra un premio escondido o que se detiene constantemente durante un paseo para olfatear algo que nosotros ni siquiera somos capaces de identificar.
Para ellos, oler es una forma de conocer el mundo.
Y esa capacidad también tiene una función evidente a la hora de alimentarse. Antes incluso de acercarse al cuenco, el perro puede obtener información sobre el alimento a través de sus compuestos volátiles y utilizarla para reconocerlo y valorar si despierta su interés.
La comida empieza a “percibirse” antes de probarla
Cuando nosotros hablamos de sabor, solemos pensar en lo que ocurre una vez que el alimento entra en la boca. En los perros, la experiencia alimentaria comienza mucho antes.
El olor es uno de los primeros estímulos que reciben al acercarse a la comida. A través de él pueden identificar diferentes características del alimento y determinar si les resulta familiar o atractivo.
Por eso, cuando un perro se acerca al cuenco, lo olfatea y comienza a comer con entusiasmo, no está respondiendo únicamente al sabor.
La palatabilidad es el resultado de varios estímulos sensoriales que actúan conjuntamente:
- Olor: puede despertar el interés y favorecer el inicio de la ingesta.
- Sabor: interviene una vez que el alimento entra en contacto con los receptores gustativos.
- Textura: la consistencia y la forma en la que se comporta el alimento en la boca también forman parte de la experiencia.
- Temperatura: la temperatura a la que se ofrece la comida puede modificar sus características sensoriales y la percepción de sus aromas.
Por eso, dos alimentos con una composición nutricional similar pueden generar respuestas muy diferentes en un perro.
La alimentación no consiste únicamente en aportar nutrientes: también existe una experiencia sensorial alrededor de cada comida.
Olor y palatabilidad: dos conceptos estrechamente relacionados
En el caso del perro, el olfato tiene una importancia especial porque gran parte de la información que nosotros asociamos al “sabor” está relacionada también con el aroma, y es probable que ocurra algo similar con nuestras mascotas.
Esto ayuda a explicar por qué el olor puede influir tanto en el interés que muestra un perro por determinados alimentos.
Un alimento puede tener una composición nutricional adecuada, pero si sus características sensoriales son poco atractivas para un determinado animal, puede mostrar menos interés por él. Por el contrario, determinados aromas pueden estimular rápidamente su conducta alimentaria.
Esto no significa que el olor determine por sí solo la calidad de un alimento ni que un alimento más oloroso sea necesariamente más saludable.
Palatabilidad y calidad nutricional son aspectos diferentes, aunque ambos pueden ser importantes a la hora de elegir una alimentación adecuada.
¿Por qué la comida natural puede resultar tan atractiva?
Una de las características de los alimentos frescos es que conservan muchas de sus características originales.
La carne, por ejemplo, presenta un olor, una humedad y una textura muy diferentes a los de un alimento seco y procesado. Además, los distintos ingredientes aportan sus propios perfiles aromáticos y sensoriales.
Esto puede hacer que algunos perros encuentren la comida natural especialmente atractiva.
No significa que todos los perros vayan a reaccionar exactamente igual ni que cualquier alimento natural sea automáticamente más apetecible. Cada animal tiene sus propias preferencias, que también pueden cambiar con la edad, sus experiencias previas o incluso su estado de salud.
Pero sí podemos entender por qué una alimentación basada en ingredientes reconocibles puede ofrecer una experiencia sensorial diferente.
En una ración de BARF, por ejemplo, el perro puede encontrar diferentes aromas, texturas y sabores procedentes de los ingredientes que forman parte del menú.
La textura también forma parte de la experiencia
El olor puede ser el primer estímulo, pero no es el único.
La textura de un alimento también influye en la manera en la que el perro interactúa con él. No es lo mismo masticar un alimento seco y compacto que un alimento con mayor humedad y una textura diferente.
La consistencia puede modificar cómo el perro recoge, manipula, mastica y traga el alimento.
Además, la variedad de texturas puede hacer que la experiencia de comer sea menos uniforme. Esto puede ser especialmente relevante para perros que muestran preferencias muy marcadas por determinadas consistencias.
La temperatura también puede cambiar cómo perciben la comida
La temperatura es otro elemento que muchas veces pasa desapercibido.
Los alimentos no desprenden exactamente los mismos aromas a diferentes temperaturas. Al aumentar ligeramente la temperatura, determinados compuestos volátiles pueden liberarse con mayor facilidad y hacer que el alimento resulte más aromático.
Comer también es una experiencia
Cuando pensamos en alimentación, normalmente nos centramos en los nutrientes: proteínas, grasas, vitaminas, minerales…
Y es lógico, porque son fundamentales.
Pero para un perro, el momento de comer también implica una serie de estímulos sensoriales y conductuales.
Oler, investigar, recoger, masticar y manipular el alimento forman parte de comportamientos relacionados con la alimentación.
Por eso, la manera en la que presentamos la comida puede influir también en cómo vive ese momento.
Un alimento con diferentes aromas y texturas puede ofrecer una experiencia más variada que una alimentación completamente uniforme.
Esto no convierte automáticamente a un alimento en mejor desde el punto de vista nutricional, pero sí nos recuerda que comer no es únicamente llenar el estómago.
El olfato también influye en el apetito
¿Has observado alguna vez cómo un perro parece no tener hambre hasta que detecta algo especialmente apetecible?
El olor puede actuar como un potente estímulo para despertar su interés por la comida.
Cuando percibe determinados aromas, se ponen en marcha respuestas relacionadas con la preparación para la ingesta y aumenta su atención hacia el alimento.
Por eso, las características sensoriales pueden ser especialmente relevantes en perros que muestran poco interés por determinadas comidas.
Eso sí, una falta de apetito persistente nunca debería atribuirse simplemente a que “no le gusta la comida”. Puede ser una señal de diferentes problemas de salud y, si se mantiene, es importante consultar con un veterinario.
¿Y qué ocurre con el pienso?
El pienso está diseñado para ser un alimento estable, seco y fácil de conservar durante largos periodos de tiempo.
Durante su elaboración, los ingredientes pasan por diferentes procesos que modifican sus características originales y posteriormente pueden incorporarse determinados componentes destinados a conseguir las características finales del producto.
Su olor, humedad y textura son, por tanto, diferentes a los de los alimentos frescos.
Esto no significa que todos los perros rechacen el pienso. De hecho, muchos lo comen con normalidad.
Sin embargo, algunos perros muestran una respuesta diferente cuando se encuentran ante alimentos frescos, posiblemente debido, entre otros factores, a sus características aromáticas y de textura.
La explicación puede encontrarse, al menos en parte, en la experiencia sensorial que proporciona cada tipo de alimento.
El olfato y la alimentación natural
Una dieta BARF ofrece ingredientes con características más próximas a los alimentos en su estado natural.
Carne, órganos y otros ingredientes presentan aromas, niveles de humedad y texturas diferentes, y la propia variedad de recetas permite que el perro no reciba exactamente la misma experiencia sensorial en todas sus comidas.
Esto puede resultar especialmente interesante para aquellos perros que han perdido interés por su alimentación habitual.
La nariz también puede ayudarnos a observar cambios
El olfato de los perros no solo les permite disfrutar de la comida. También puede ayudarnos a observar que algo ha cambiado.
Los perros pueden mostrar un interés diferente por un alimento cuando su olor o sus características varían. Esto puede ocurrir, por ejemplo, ante un cambio de receta, de ingredientes o incluso de conservación.
Por eso, mantener unas buenas condiciones de almacenamiento es especialmente importante en una alimentación basada en productos frescos.
En el caso de los alimentos BARF, respetar la cadena de frío y las indicaciones de conservación del fabricante es fundamental para garantizar su seguridad.
En Naturabarf, comida que también disfrutan
En Naturabarf creemos que una buena alimentación debe cuidar dos aspectos: lo que aporta nutricionalmente y la experiencia que supone para el animal.
Por eso elaboramos nuestros menús con ingredientes naturales y diferentes fuentes de proteína, buscando ofrecer una alimentación completa, equilibrada y apetecible.
Nuestros menús permiten introducir diferentes combinaciones de ingredientes y proteínas, como pollo, pavo, conejo, ternera, caballo o jabalí, entre otras opciones.
Esta variedad permite que cada receta tenga sus propias características de olor, sabor y textura, haciendo que la experiencia de cada comida pueda ser diferente.
Porque cuando hablamos de alimentación natural, la palatabilidad también forma parte de la experiencia.
Mucho más que un simple sentido
El olfato es una de las herramientas más importantes que tiene un perro para relacionarse con su entorno.
Le permite conocer lugares, identificar animales, seguir rastros y, por supuesto, encontrar y reconocer alimentos.
Por eso, comprender cómo funciona nos ayuda también a entender mejor su relación con la comida.
Una alimentación adecuada debe aportar los nutrientes que necesita, pero también podemos prestar atención a otros aspectos que forman parte de la experiencia alimentaria: el olor, el sabor, la textura y la temperatura.
Porque para ellos, una comida no es simplemente algo que desaparece del cuenco.
Es olor, sabor, textura, curiosidad y disfrute.
Y cuando podemos cuidar todo eso sin dejar de lado el equilibrio nutricional, estamos haciendo que algo tan cotidiano como comer sea también una parte más de su bienestar.





