Si convives con un perro y un gato, seguramente ya lo habrás notado que los gatos son más exigentes con la alimentación natural que los perros: tú llamas, el perro viene. Tú ofreces comida, el perro la devora. En cambio, el gato… mira, huele, se sienta, te juzga, se va. Y tú ahí, con el cuenco preparado, preguntándote qué has hecho mal.
Tranquilidad: no eres tú. Es su naturaleza.
Los gatos son mucho más selectivos con la alimentación que los perros, y especialmente cuando se trata de comida cruda o natural. Pero esto tiene explicación, y entenderla es clave para conseguir que un gato acepte la dieta BARF con gusto y sin batallas.
Hoy hablamos de biología, comportamiento, instinto y nariz felina.
Porque para lograr que un gato coma natural… primero hay que pensar como un gato.
Los gatos son carnívoros estrictos
Mientras que los perros son omnívoros oportunistas (pueden comer de casi todo), los gatos dependen casi exclusivamente de la carne para sobrevivir.
Esto hace que sean muy sensibles a:
- La textura
- El aroma
- La temperatura
- La frescura
En la naturaleza, un gato solo comería presas recién capturadas. Por eso, si la carne no huele suficientemente “a presa”, si está fría o si su textura no le convence, la respuesta será un rotundo NO.
No es que sea quisquilloso, simplemente está programado para detectar si un alimento es seguro o no.
Son animales neofóbicos (miedo a lo nuevo)
A diferencia del perro, que explora el mundo con la boca, los gatos tienden a desconfiar de alimentos desconocidos. Esto se llama neofobia alimentaria.
Si un gato fue alimentado con pienso seco desde pequeño y nunca probó comida fresca, lo nuevo puede generar rechazo inmediato.
Por eso, muchos gatos necesitan introducciones graduales, con aromas familiares y texturas progresivas. Una transición suave marca la diferencia.
Tienen un olfato exigente (y más complejo de lo que parece)
Muchos tutores creen que los gatos “no huelen bien” porque su nariz tiene menos receptores olfativos que la de los perros, pero lo interesante viene aquí:
- Procesan mejor los olores de origen animal
- Detectan la calidad y frescura con gran precisión
- Son capaces de rechazar alimento solo por un ligero cambio aromático
Por eso BARF debe ser muy fresco en gatos. Si algo no huele como ellos esperan, no se lo van a comer.
Los perros devoran.
Los gatos analizan.
Tienen preferencias de sabor muy marcadas
El gusto felino es más limitado: no detectan el dulce, pero sí son extremadamente sensibles al sabor de los aminoácidos presentes en la carne.
Por eso suelen preferir:
Y rechazar:
- Carnes demasiado grasas
- Texturas fibrosas
- Alimentos con olor débil
Ofrecer variedad es bueno, pero introducirla rápido puede generar rechazo. En ellos, la paciencia no es opcional: es estrategia.
Comen por gramos, no por emoción
El perro come con entusiasmo. El gato come por necesidad. Su forma de alimentarse es más racional: calcula, ajusta y conserva energía
De hecho, muchos comen varias veces al día pequeñas cantidades, como si replicaran la caza de pequeñas presas.
Esto hace que la dieta BARF sea ideal para ellos, pero también exige adaptación: no esperes que un gato limpie el cuenco desde el primer día.
¿Cómo conseguir que un gato acepte BARF con éxito?
Aquí van tips prácticos que funcionan:
- Temperatura adecuada: A muchos gatos no les gusta la comida fría de nevera. Prueba a templarla ligeramente al baño maría o dejar reposar unos minutos.
- Presentación gradual: Empieza con un 5–10% de BARF mezclado con su comida habitual. Cada pocos días aumenta la proporción.
- Empieza por carnes suaves: Las mejores para gatos principiantes suelen ser pollo, pavo y conejo. Después podrás incorporar ternera, cerdo o cordero progresivamente.
- Añade texturas progresivas: Comienza con triturado fino → luego trozos pequeños → luego presas más enteras. La mandíbula felina también necesita entrenamiento.
- Juega con el olor: A veces basta con abrir los poros aromáticos.
¿Por qué merece la pena insistir?
Porque cuando un gato se adapta a BARF, los cambios son espectaculares:
- Mejor digestión
- Más energía
- Pelo brillante y piel sana
- Menos bolas de pelo
- Defensas más fuertes
- Mejor hidratación
- Peso más estable
- Heces pequeñas y menos olorosas
Los gatos no son difíciles. Son selectivos porque están diseñados para vivir como cazadores. La alimentación natural es lo que biológicamente esperan… solo necesitan entenderla.
Los gatos son más exigentes con la alimentación natural que los perros porque:
- Son carnívoros estrictos
- Desconfían de lo nuevo
- Su olfato detecta frescura con precisión
- Tienen preferencias gustativas claras
- Comen por necesidad, no por ansiedad
Pero con paciencia, progresión y comprensión de su naturaleza, la dieta BARF puede convertirse en su forma favorita de alimentarse.
No es solo comida.
Es devolverles su instinto.





